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jueves, 18 de agosto de 2016

Jersey de oro II

Las rosas estaban soñando en la lira,
tejen las encinas oros de leyendas,
y entre la tristeza viril de los robles
dicen los enebros temores de aldea.
                    Federico García Lorca

Todo empezó por amor, como siempre. Nos enamoramos de un hilo de oro, como el otro día nos contaba Juan deMairena. Un Royal Silk Dorado de Katia que nos hizo enloquecer. Todo empezó el 30 de diciembre de 2015 cuando regresamos a casa con un alijo de oro. Ahí empezó todo.
Esa lana mágica era para tejer nuestro primer jersey con agujas circulares. Así que empezamos el 2016 con el reto puesto, con la mirada fija en un objetivo sin plazos. Sin medir tiempo, ni límites, con trabajo de por medio y mucha guerrilla por la que ilusionarse.

En este proceso nos ha ayudado un patrón que ha sido nuestro indicador. Digo esto porque no cumplimos ni sus medidas, ni sus puntos, ni siquiera los calados de Sarah son los mismos. Pero hemos aprendido con este Lovely & Blue de Drops cómo tejer un jersey en circular. Así que quedará en nuestra memoria. Tal fue mi amor por esta plata rubia que decidí que no debía tener nada más que ella misma. No quise tejer ningún calado, nada le hacía falta para brillar. Sarah se animó con ellos y, como siempre, magia de sus manos.


Durante esta andadura se ha escuchado en nuestros hogares el cuchicheo de las agujas, que diría Rosa Chacel. Y es que es cierto que cuchichean y nos guían y cuentan las vueltas con nosotras. Ha sido una labor apasionante. Ver crecer el jersey en una pieza. Que de pasada en pasada iba siendo él en un todo.

Como siempre tejer con esta mujer relaja el alma. Elegir labor con Sarah es como recibir del doctor un bálsamo para los nervios. Ella, con su firmeza, su entereza, su madurez, guía el camino. Así, solo así, la labor avanza, la amistad se reconforta. ¡Todo es posible si ella está!

Han pasado muchos meses desde que empezamos. Acabar, dos personas inquietas como nosotras, un jersey en pleno agosto, ha hecho que no podamos aguantar para la sesión de fotos. Así que nos fuimos al lago de Cellers. Trípode, cámara, jerséis y paciencia a cuestas. Nos faltó un ventilador o un buen abanicador, dicho sea de paso. Dos horas bajo el sol, a unos cuarenta grados y con jersey de lana… ¡que se rían de los superhéroes! Sí, somos tejedoras. Sí, somos heroínas. Porque terminamos la labor, porque no se nos ve ni sudar, porque fue una tarde para no olvidar y porque no caímos al lago en nuestros saltos. Por todo eso y más.

Y se acabó, como decía Lorca y os he dejado arriba en un día especial como hoy. Hemos sido como las encinas y hemos tejido leyenda. Una leyenda de oro que se ha llevado la tristeza de los robles y el temor de las aldeas. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Jersey de oro I

"Si el oro se define por su amarillez, y la plata por su blancor, no hay el menor inconveniente en que al oro le llamemos plata, con tal que esta plata sea rubia, y plata al oro, siempre que este oro sea cano. ¿Comprende usted, señor Martínez?
La plata -dice el poeta-, tan deseada, cuando es rubia, humilla al oro mismo, cuando éste es cano, porque la plata, cuando es oro, vale mucho más que el oro cuando es plata..."
Juan de Mairena (Antonio Machado)
Esta es la historia del oro. Del jersey dorado que hubo días en qué era más plata que oro. Que empezó en enero y acabó en agosto. Que parecía interminable hilar ese hilo de plata rubia pero que ahora ya es un jersey terminado. 

Durante estos meses ha convivido con nosotras, con Sarah y conmigo, como uno más. Con el paso de tantas semanas ha caminado a nuestro lado acompañado de lecturas, películas, cafés, de mucho ovillar y cortar, de mañanas de biblioteca y poesía, noches con Obi y tardes con Sarah. Eso era lo bueno, eso es lo mejor de compartir labor con ella. Pasar esas tardes juntas. Confesarnos, llorar, reír, hacernos fotos, reñirme, animarnos, tejer, tejer y tejer.

Y como no hemos podido aguantar, la sesión de fotos esta hecha. Estad atentos... durante la semana ¡tendréis una sorpresa!

lunes, 8 de agosto de 2016

Nostalgia olímpica

Cada vez que se inauguran unos Juegos Olímpicos tengo los mismos recuerdos. Nostálgica que es una. Siempre me vienen a la mente las mismas instantáneas. Como si me viera a mí con once años de nuevo. Nítida y real.

Estábamos de vacaciones en el pueblo natal de mi abuela paterna, como tantos veranos de nuestra infancia. Espui, casi al final de la Vall Fosca. De pequeña siempre decía que ese era mi pueblo. Allí mismo descubrí el monte, el cielo azul, el frío en pleno agosto, los amigos de verdad. Ahí empezó mi historia epistolar y encontré mi primer amor. Por eso decía que era mi pueblo. Porque allí todo el gris que traía mi familia desde la ciudad se volvía verde y azul y era todo más liviano. Los días tenían luz hasta las mil, allí sí.

En el 92 estuvimos en una casa magnífica. En la cima del pueblo, todo lo divisábamos nosotros desde allí. Compartimos esas semanas con mis tíos, Gerard aún no había nacido. El día de la inauguración fuimos en busca de moras silvestres. Pasamos la tarde al sol. Ese sol montañés que quema lo invisible. Regresamos a casa con kilos de ese manjar, entre moras y frambuesas, que a mí tanto me fascinaban.

La televisión era de las típicas de casa de alquiler de vacaciones. Pequeñita, con una antena que había que ir moviendo de vez en cuando para resintonizar. Atentos a ella mientras analizábamos la recolección. Selección, lavado, hervor. Hicimos mermelada de moras. Emocionados ante el televisor al ver desfilar a los nuestros, mientras teníamos nuestros tarros al baño maría. Nunca habíamos hecho tanta mermelada como ese día. Hace un tiempo os puse la receta y os la recuerdo, por si os apetece y os entra el gusanillo.
Para mí los Juegos Olímpicos siguen siendo ese recuerdo. Edición tras edición, vienen a mi mente mi tía Anna y mi madre junto a nosotros dos. Viviendo los que eran los mejores juegos de la historia, por ser en casa, mientras preparábamos mermelada tras nuestra tarde de captura. Ese es mi recuerdo, la felicidad de que se hicieran las tantas en ese comedor, con las manos tintadas de mora sobre el hule de flores. Escuchando con la piel de gallina el Barcelona, sin dejar nuestra labor.

Han cambiado tantas cosas desde esos juegos… Sería complejo explicar todo. Qué ha pasado con los que estábamos en esa casa esa noche. Pero siempre los recuerdo. Y cada inauguración vienen a mí esas imágenes. A veces, incluso pienso que son recuerdos ficticios y suelo pedirle a mi hermano que los recupere conmigo. Este ha sido un año más. Y sí, fue así. Vivimos los juegos del 92 haciendo mermelada de moras. Por eso, esta vez Xavi lo ha dibujado, para que no se nos olvide que fue real. Aunque uno recuerde el mantel de flores y el otro de cuadros…


¿Y vosotros? ¿Recordáis qué hacíais ese día del 92?

martes, 2 de agosto de 2016

Lecturas de vida (parte I)

Después del post de la semana pasada sobre libros que sí leer y libros que no, me dio por volver a revisar mi biblioteca. En esa excursión por la literatura de mi vida me di cuenta de cómo algunos de ellos han pasado sin pena ni gloria. Pero otros, en ocasiones determinadas y de manera muy distinta, piden volver a mis manos. Pasar sus páginas y releer las anotaciones, esos párrafos marcados con mil asteriscos. Algunos de ellos me recuerdan momentos concretos. El porqué de su lectura en ese instante. Son como diarios de vida sin haberlos escrito yo. Pero que cuentan de mí.

Para los que empezamos a leer a edades muy tempranas y nos faltaba el aliento por no terminar el capítulo antes de poner la mesa. Para los que la noche llegaba demasiado pronto y bajo la sábana seguía la lectura. Para los que la biblioteca del colegio o del instituto se nos quedó pequeña. Para los que éramos castigados sin lectura por no terminar el plato de verdura… Para nosotros los libros cuentan nuestras propias historias.

Son tantos que son demasiados. Si contamos mi voracidad y el número de páginas de un diario de vida a mis 35, se entiende que el número de lecturas representativas es una barbaridad. Pero he seleccionado algunos que han dejado una marca en la página del dietario.

En el 1995 y a mis 14 exigí poder leer Mujercitas de Louisa May Alcott. Recuerdo su lectura como si fuera hoy. Ese verano antes de empezar el instituto fui Jo durante unos días. Disfruté de su locura, su escritura y su lucha. Con él descubrí que era la primera vez, pero no la última, que lloraba pasando unas páginas de papel.

“Acaba de leer este cuento mientras termino el punto de este talón – le dijo Jo alargándole el libro.”

En el 1997 aparecieron Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Ahí empecé a ser la enamorada de la poesía que soy hoy, con ellos. Con sus antologías supe que ellos me hacían sentir mucho más que cualquier prosa. Descubrí que dentro de esos versos había magia. El cariño hacia estos dos poetas hizo que con los años no dejara de indagar en sus vidas, para saber el porqué de sus estrofas.

Por ello el verano pasado cayeron en mis manos El mundo mago de Elena Medel o Últimas soledades del poeta Antonio Machado- Recuerdos de su hermano José. Y con ellos reviví esos primeros poemas de mi vida.

“Con este gabán que uso y padezco, alegorizo yo algo de lo que llamamos cultura, que a muchos pesa más que abriga…” Antonio Machado.

Igualmente necesité darle más vida a Juan Ramón leyendo los diarios de Zenobia y de Marga.
Poetas ellos, que descubrieron el cielo azul ante mis ojos.

“… Y leyéndote… me he sentido vivir… ¡sentir la vida!” Marga Gil Roësset.

El 5 de marzo del 1999 apareció en mi instituto Almudena Grandes. Habíamos leído Malena es un nombre de tango, después del cual yo me zambullí de pleno en su mundo. Fue abrir la primera página de Atlas de geografía humana y encontrar unos versos de Gil de Biedma. Una nueva aparición para mí. Leer siempre era un suma y sigue. Abrir un libro era una caja de sorpresas. Almudena puso voz a tantos pensamientos entonces...

“Ningún traidor ha sido pagado jamás con un beso más dulce que el que recibí yo, aquella mañana”.

En 2001, en plena fiebre universitaria y entre libros de economía, apareció en mi vida Con mi madre. Aunque había leído otros libros de Soledad Puértolas, sintiéndola cercana por tantas cosas, fue este el que me dejó tiritando. El que me hizo unirme a lo que ella escribiera para siempre. Su descripción del duelo me hizo estremecer y pensar que nadie escribiría nada similar por una madre jamás.

“Mi madre ha muerto. La vida no se ha detenido. Las lágrimas no detienen la vida.”

Durante esos años, rondando el 2004, me adentré en el mundo del cómic. Descubrí otra forma de expresar la poesía, sin versos, en viñetas que evocaban el mismo sentimiento que toda la prosa ya leída. Blankets me abrió un nuevo mundo a la ilustración y de ahí no paró mi necesidad.
En 2009, empezando de nuevo a vivir, y tras haber leído varios libros de José Luis Sampedro, encontré en una librería de viejo La sonrisa etrusca. Cómo resistirse a la historia del nonno cuando Sampedro ya había hecho de las suyas conmigo. Cuando La senda del Drago ya me había hecho viajar…  

“¿Tienen ustedes historias de sirenas?”

En 2015 apareció Milena Busquets para contarme que ella también podía despedir a su madre como hizo Soledad. Que ella también podía escribir de amor, de dolor, de pasión, de seducción y de miedo. Sí, ella también le puso palabras a todo eso por mí. A todo con También esto pasará.

“La fuerza física de los hombres sólo debería servir para darnos placer, para estrujarnos hasta que no quede ni una gota de pena ni de miedo en nuestro interior.”

Ese mismo año cayeron dos bombas literarias más. Jhumpa Lahiri me emocionó con su Intérprete de emociones. Desgarrándola a una por dentro con sus historias. Añadiéndole el comino, la cúrcuma o el jengibre a tantos sentimientos.

“Esa noche, cuando fui al baño me contenté con fingir que me cepillaba los dientes, con miedo a que si me los cepillaba de veras, mi rezo de algún modo se perdiera en el enjuague.”

Amante voraz de la poesía como yo, no podía terminar sin quien ha vuelto a emocionarme con ella. Aparecieron unos versos en una revista literaria. Decían así:

Y yo era sol y el sol era bueno
y yo era de las nubes y del mar
y así estaba bien.
Y tú eras el acero y la montaña
y el tiempo consumido y el futuro.

Y yo era de las muelas bucaneras
y de los huesos rotos y del parche
del ojo vago y tú eras de las noches
cuando se iba la luz; la vela amable
y milagrosa tú, mi mundo mago.

Y de ahí me fui a La Fiera, Los últimos perros de Shackleton, Tengo una cita con la muerte o su traducción de Anne Sexton. Porque Ben Clark tiene chistera. Él sí es un mago.

La importancia de las lecturas viene de la mano de quien te las trae, de quien te las recomienda, te las regala o te las insiste. Esas manos que prenden la chispa de las nuevas historias. Por eso la lectura es tan sentimental, tan incendiaria,  porque siempre hay detrás unos ojos que te han lanzado a ella. Cada libro tiene un nombre asociado que te da la mano página tras página a media luz. Gracias a todas ellas por acompañar a mis años lectores. Sigamos acumulando lecturas.

¿Y vosotr@s? ¿Tenéis lecturas que hagan el camino de vuestra vida?

jueves, 28 de julio de 2016

ConvénZeme, con Z de Zweig.

ConvénZeme, con Z de Zweig. Un título con esa aclaración supone una subida de cejas en posición de atención. Los lectores apasionados no pueden dejar pasar sin más un nombre así.

A principios de junio recibí un correo electrónico de Ada Ripollés desde La Fábrica de la Tele. Me hablaba del nuevo programa sobre libros que estaban a punto de empezar a grabar con Mercedes Milà. Su mensaje decía: queremos contar contigo. Una, que no es que se infravalore, pero que a veces no se da cuenta del todo de los acontecimientos, no entendió el por qué yo. Argumentaban que habían llegado a mi blog y les había gustado. Por consiguiente me querían ahí.

Debía buscar un libro que SÍ recomendar a Mercedes y otro que NO. Ya me veis a mí repasando estantes y títulos. Pero pronto volvieron a ponerse en contacto conmigo. Queremos libros distintos, que sorprendan, que no todo sea novela. Queremos que vengas a hablar del Kakebo. Supongo que ahora mismo hay ojos muy abiertos en caras de sorpresa. Sí, me querían para convencer a Milà sobre el uso del libro japonés. ¡Qué locura!

Se adaptaron a mis fechas. Coincidiendo las primeras grabaciones con el final de curso y la selectividad, me esperaron. Fui a grabar el pasado 8 de julio a su librería de Barcelona. Un lugar con un encanto especial. Acogedora, con espacio para hacer un café, leer tranquilamente, con una decoración bonita y una luz perfecta. Libros top ventas mezclados con los más curiosos y desconocidos. La librería + Bernat en la calle Buenos Aires 6-8 de Barcelona. Anotadla.

Allí me esperaba el equipo de grabación junto a Mercedes. Uno tras otro habían pasado lectores anónimos con sus propuestas para ella. Y aparecí yo con mis Kakebo, sin nada preparado pero dispuesta a convencerla. Poco más os quiero contar sobre lo que grabamos. Se emitirá en septiembre en el canal Be Mad de Telecinco. Solo deciros que fue una experiencia súper enriquecedora, que Mercedes es absolutamente accesible y natural y que Ada lo puso todo muy muy muy fácil. Convirtieron ese día en inolvidable. Gracias Ada por contar conmigo. Sí, soy facilona ¿para qué nos vamos a engañar?

Podéis seguir el twitter del programa y seguro que nos mantendrán informados de los días de emisión.

Si alguien tiene curiosidad por detalles técnicos de grabación que pregunte y yo respondo. Los intríngulis de plató y el detrás de las cámaras han quedado para siempre en mi memoria. Como todo lo vivido, añadiendo páginas a mi diario de vida.
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